sábado, marzo 05, 2011

Estamos jugando a... Mago la Ascensión


Tras no pocas aventuras y desventuras, incluida la pérdida del valioso resumen de la segunda sesión, aquí continuamos con el estado de nuestra campaña de Mago la Ascensión, en el proceloso Mundo de Tinieblas. Acompañadme a los poderosos reinos de la magia, apenas vislumbrados tras la Celosía.

En la segunda sesión de la campaña, nos encontramos caminando por la Umbra. Tras la ayuda de Jim para penetrar en sus insondables misterios, y con la ayuda de uno de los miembros del grupo, conseguimos orientarnos. Pero ya se sabe que la Umbra está llena de peligros, y como ya nos dijera Moorcook en el caso de Elric, "lo familiar resulta peligroso". Y así nos pasó a tres miembros del grupo, que tras encontrarnos con seres queridos en forma de ilusión caímos en la trampa de un espíritu que lentamente nos sorbía la esencia vital. El resto de nuestros compañeros no nos localizaban, pero nuestro compañero que hacía de guía por la Umbra encontró a Abigail y su lobo Hoggarth, que condujeron al resto del grupo hasta la guarida del espíritu que amenazaba acabar con la vida de más de medio grupo. Allí consiguieron destruir al ser y salvarnos a los demás. Abigail, experta conocedera de la Umbra, presentó un espíritu guía a nuestro compañero y se despidió de nosotros tras habernos ayudado de forma tan importante.

Con la guía del espíritu familiar, ducho en orientarse en la Umbra, arribamos finalmente a nuestro destino. Poco antes de llegar allí, nos sorprendió el paso de diversos motoristas caóticos vestidos de negro, que también se dirigían al mismo edificio al que encaminábamos nuestros pasos. Cuando llegamos al edificio encontramos a los citados moteros caóticos luchando contra los guardias que allí tenía situados el doctor Himitsu. De repente, uno de los moteros estrelló su moto contra el edificio fuertemente vigilado, abriendo un hueco por el que pudimos colarnos. A través de los conductos de ventilación, y tras varias acciones de sigilo, conseguimos acabar con los guardias, entre los que se encontraba un cyborg. Así llegamos a la sala principal de comunicaicones, donde Karl nos estaba esperando, acompañado de tres hombres de negro. Aunque utilizamos toda la magia a nuestro alcance para contrarrestar los ataques de los tres hombres de negro, llegando a hacer que el techo cayera sobre él o que las mangas de su camisa crecieran y le hicieran tropezar, no conseguimos evitar la fuga de Karl, que se marchó con el sobre que contenía la información que necesitábamos.

Cuando todo parecía perdido, la ayuda de nuestro conocido hacker Scandisk nos permitió continuar tras la pista, puesto que nos mostró en un mapa el perímetro del Museo Legion of Honour, nuestro próximo destino. Salimos de la Umbra, y cumpliendo de nuevo con la doble misión que parece que nos guía, nos llamo Marco, gerente de un bar nocturno poco recomendable, pidiendo información acerca de la localización del laboratorio donde acabábamos de estar. Poco después, el laboratorio volaba por los aires.




La tercera sesión comenzó con nuestro grupo curándose de las heridas recibidas en el duro combate con los esbirros de Karl. Los recursos del edificio de Health Labs nos permitió recuperarnos en gran medida de nuestras heridas. Al día siguiente fuimos al despacho de William. Tras hablar con él, obtuvimos la información acerca del sector del puerto de la ciudad donde podría haber descargado su mercancía el barco que llevaba los envíos al Museo Legion of Honour. Nos dirigimos hacia allí, y en el registro, Aoki utilizó sus habilidades mágicas para engañar a la recepcionista haciéndose pasar por una persona vinculada al Museo. Así obtuvimos el número de los contenedores, y cuando llegamos a él ya comprobamos que estaba abierto. Había una multitud de objetos, vasijas, tapices y urnas de arte precolombino americano. Encontramos la lista de contenidos, algunos marcados como muy frágiles, que ya estaban en el departamento de restauración del Museo. Esos objetos que ya habían desaparecido eran unas urnas funerarias y unos tapices que ya estaban en el Museo, al menos desde la noche anterior.



Nos dirigimos hacia el Museo, un edificio en recuerdo a los americanos muertos en la I GM caracterizado por su arquitectura neoclásica. No había mucho seguridad pero sí que notamos la presencia de los guardias del Doctor. Entramos al Museo y vimos la información de la futura exposición, exposición que explicaba como en 1579 se sustrajeron diversos objetos a los indígenas. El capitán sir Francis Drake marcó el comienzo de la invasión de la zona de San Francisco, pero se marchó bastante rápido. Con su huida, llegaron los terremotos a San Francisco; terremotos que hicieron surgir la bahía tal cual la conocemos. Los objetos sustraídos a los indígenas permanecieron en diversos museos europeos hasta que han sido traídos de vuelta para esta exposición.

En una mohosa y vieja cafetería planeamos como sería nuestra entrada al museo. Avisamos a William y él nos indicó que mandaría a alguien para que nos resultara más fácil franquear la entrada. Al poco rato llegaron dos coches, que distrajeron la atención de los guardias y nosotros pudimos colarnos por una puerta de emergencia, justo después de que nuestro guía en la Umbra estuviera a punto de romperse el tobillo por querer abrirla de una patada.

Tras entrar y encontrar a un guardia, Aoki le lanzó un palillo imbuido de un estado anímico negativo. El guardia cambió de actitud y dejó de ser un obstáculo. Continuamos avanzando por el museo, para lo que fue necesario crear un ligero humo para poder ver los láser del sistema de seguridad. Nuestro guía por la Umbra se marchó hacia esos procelosos lugares y desapareció de nuestra vista en pleno museo. El resto fuimos sorprendidos por un guardia de seguridad al que Aoki clavó nuevamente un palillo, aunque no pudo evitar ser golpeado por el táser del guardia. Finalmente conseguimos reducir al guardia con un par de culatazos.

Al proseguir nuestro camino por el museo encontramos abajo, en el sótano, a nuestro caminante de la Umbra, atravesando con su brazo una puerta. Extraños efectos comenzaban a desarrollarse en su cuerpo tras sus coqueteos fallidos con la Umbra. Tras entrar en la sala de seguridad, detuvimos la alarma que habíamos activado y vimos a través del sistema de seguridad a dos figuras hablando agitadamente. Una era una figura vestida de negro que nos resultaba familiar; uno de los individuos que dejamos escapar en el edificio en construcción de Health Labs.

Llegamos a una sala de observación desde la que vimos que la figura de negro agarraba por el pecho a la otra, vestida con bata blanca. Ante sus negativas, lo lanzó contra la pared a la par que mirando a través de la cristalera, reparaba en nuestra presencia. Desapareció rápidamente de nuestra vista tras coger algo. Cuando entramos nosotros encontramos que el individuo de la bata blanca no era más que un pobre becario de investigación, al que le quitamos un tapiz y una urna, urna que generaba malas energías para una gran parte del cuerpo. El símbolo de la araña resultó familiar para Howard, pero sin saber explicar por qué.




Tras obtener las codiciadas piezas, conseguimos salir de allí antes de que llegara la policía. Nos encontramos con William para darle cuenta de las nuevas noticias y le entregamos los dos objetos: la urna y el tapiz. El tapiz, que medía unos 70x70 cm estaba muy deteriorado, y mostraba diversas escenas. Tras diversas cenefas geométricas, encontramos imágenes de un animal mitológico (mitad ciervo, serpiente y puma); otras hacían referencia a una araña de cuyas patas surgían las ramas de un árbol. Otras escenas hacían referencia a una luna llena con los rasgos de un ser acuático o un navegante con una cruz... El resto era indescifrable, porque una parte del tapiz estaba muy deteriorada; pero además podíamos apreciar que faltaba un trozo importante de tela.

¿Cómo continuar en esta encrucijada? Nos dirigimos a hablar con Jim acerca del tapiz, y éste nos indicó, como ya sabíamos, que la única araña de importancia era la araña que protegía a San Francisco, Cobb. Nos dirigimos entonces a la Universidad para aprovechar los contactos de Howard. Tras reunirnos con Victor Sanders, éste nos puso en contacto con el mayor especialista en asuntos precolombinos. Éste nos indicó que en una Iglesia de San Francisco existían múltiples copias en bajorrelieve de la cruz contenida en el tapiz. Se ofreció a investigar el tapiz, pero no dejamos allí una pieza tan valiosa.



Fue el momento de encaminar nuestros pasos a la catedral de Old St. Mary, repleta de símbolos de la evangelización de los primeros cristianos. Al preguntarle al párroco acerca de estas cuestiones, nos indicó que era una iglesia muy antigua, haciendo referencia a los tiempos de los primeros colonos. El símbolo de la cruz que constituía nuestra principal pista era un símbolo muy usado por Drake, que fue de los primeros en llegar a San Francisco, justo antes de que se formara la bahía.

Allí encontramos la lápida de Drake, donde aparecía inscrito "a través de mis mapas, conoceréis la verdadera tierra". Mientras leíamos aquella inscripción percibimos como una leve corriente de aire se filtraba por esa lápida. Tras dormir al párroco, atrancamos las puertas de la iglesia y sacamos la lápida, bajando por el pasadizo que se reveló. El fétido olor a cerrado no nos impidió continuar avanzando por una minúscula escalera ne la oscuridad. Finalmente llegamos a un gruta con un río subterráneo. Esta se fue estrechando hasta que tuvimos que ir de uno en uno. Al final encontramos una puerta de madera que Dorian abrió. Daba acceso a una espaciosa habitación recubierta de piedra tallada. Continuamos avanzando por el pasadizo y a ambos lados del camino encontramos dos fosos llenos de líquido y pinchos. En el momento en que cerramos la puerta que dio acceso a esta habitación comenzó a sonar el ruido mecánico de un engranaje.

Pese a todo, seguimos avanzando por el estrecho camino de piedra, reducido cada vez más hasta tener un metro de ancho y rodeado de fosos. De fondo, el ruido del engranaje. El camino se bifurcaba y escogimos el de la izquierda. Dorian tropezó con una baldosa rota y casi cae a los fosos, pero la rápida ayuda de Aoki le permitió recuperarse. Llegamos a una nueva bifurcación, y el final de la gruta parecía cada vez más cercano. Cada vez más cerca del final, los peligros se multiplicaban, y Howard pisó una trampa, de forma que una lanza salió disparada, hiriendo al Cuentasueños del grupo, que estuvo a punto de caer.

Seguimos avanzando y el ruido del viento siguió aumentando. Habíamos llegado al final de la gruta, y delante de nosotros vimos una puerta. Una fuerte ráfaga de viento, que no era natural, nos impedía el paso, pero fue contrarrestada y Aoki pudo abrir la puerta. Ante nosotros aparecía una estancia circular con los laterales repletos de bajorrelieves que hacían referencia a indígenas y marinos. En el centro, una estatua de piedra en la que una figura aparecía sujetando unos mapas en la mano.

¿Habíamos llegado al refugio de Drake?



Frases para el recuerdo de esta tercera sesión.

Cuentasueños. "Somos magos. Entramos a hostias".

Aoki: "Le hablo por telekinesis".

2 comentarios:

Makarren on 5 de marzo de 2011, 15:35 dijo...

No me he enterado de nada... pero las frases para el recuerdo molan.

Guillermo Ruiz on 17 de marzo de 2011, 13:16 dijo...

El Cuentasueños se llama James Sunderland, por si se requiere a efectos literarios y no repetir tantas veces "el cuentasueños".
Respecto a la primera frase, no la recuerdo exáctamente en esos términos, pero se debe a la impotencia que se sufre en Mago para hacer magia. Todos mis compañeros tienen miedo a la tirada de "Areté" (necesaria para crear el efecto mágico) por las consecuencias que tiene para la Paradoja. Pero en aquel momento yo debía recordar a mis amigos que somos magos y no debemos tener miedo a hacer magia. Sean cuales sean las consecuencias de fallar hechizos.

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